La quinta de
Curuzú Cuatia dirigida por Ricardo Amerio salió campeona invicta pero ese no es
el mayor logro que obtuvo la institución de Villa Elisa, en cuanto a juveniles,
en la temporada pasada. Cada vez que se habla de la institución portuguesa, se
pone en contraste con el año 2009, cuando consiguió el bicampeonato de la Liga.
Desde esa fecha nunca las juveniles del club habían llegado más arriba de la
quinta posición en la tabla general de puntos. Sin embargo, el año pasado logró
un subcampeonato en la general pero en 2013 no comenzó el cambio.
“En Villa Elisa,
en cuanto a infantiles, hay muchos clubes de barrio: Arturo Segui, Los
Dragones, Deportivo Villa Elisa, San
Francisco, El Dive, entre otros. Para completar infantiles nos costaba
horrores”, señala “Chupete”, ex entrenador de las divisiones juveniles del club,
hoy ejerciendo esa profesión en Arturo Segui, institución que participa de la
liga APlaFi. Heribert Bengoa agrega: “Somos dos clubes que se reparten los
jugadores de juveniles en Villa Elisa, ADIP y nosotros. En menor medida
Argentino Juvenil. No siempre los chicos que están en infantiles siguen jugando
en las siguientes categorías por distintas cuestiones, porque tienen que
trabajar o estudiar por ejemplo. Por eso hoy día estamos con una gran cantidad
de jugadores en las distintas categorías del fútbol juvenil pero en infantiles
nos sigue siendo difícil completar”.
A pesar de que
en 2009 Curuzú debía pagar multas por no completar o presentar juveniles, los
vientos se hicieron favorables a la institución de Villa Elisa cuando en 2011
Facundo Berneche, jugador del plantel superior sugirió a la Comisión Directiva
cambiar la forma de jugar en las juveniles, no con estrategias o tácticas, sino
formulando un proyecto donde todos los directores técnicos iban a estar
regulados por un coordinador general, como así también, un preparador físico
para todas las categorías. Esto no había sucedido en toda la historia del club,
por más que para clubes como Gimnasia o Estudiantes es una obviedad y se
practica hace muchos años.
Los directores
técnicos en el club son remunerados. Es cierto que no tienen un alto costo,
sino que se les paga los viáticos, pero al fin y al cabo suma al total, y
contratar un preparador físico, además del coordinador general, no parecía una
prioridad para los directivos. Sin embargo, con la esperanza de que el club
portugués crezca aceptaron el proyecto con vísperas al triunfo.
En el primer año
en que se implementó este proyecto, el que encabezaba el cuerpo técnico fue el
mismo Facundo Berneche, pero no se notaron grandes cambios. Al año siguiente,
cuando el entrenador de la quinta división, Ricardo Amerio, fue elegido como
coordinador general y, consevando su puesto de entrenador, y Rodrigo Núñez como
preparador físico de las juveniles, las victorias comenzaron a hacerse moneda
corriente en la mayoría de las divisiones, y se ubicaron todas entre los
primeros puestos.
A pesar de no
obtener ningún primer puesto en la primera mitad del año, la segunda mitad
empezó con una ardua pretemporada en las vacaciones de invierno, en donde “tres
semanas, de cuatro estímulos semanales, donde a veces tenían doble turno y un
solo día libre”, aseguró el ya nombrado Rodrigo Núñez.
Una vez
comenzado el Torneo Clausura la octava
empezó a mostrar un nivel alto de juego pero ganó la mayoría de los partidos en
el segundo tiempo y demostró el gran estado físico de los chicos. La sexta
división no quiso ser menos y también, a pesar de ciertos resultados adversos,
logró ganar partidos en el final. Pero sin dudas, las categorías que más
diferencia marcaron eran la quinta y la
séptima división. Esta última había perdido un solo partido de los primeros
cinco en disputa, mientras que la
quinta, de la misma cantidad de partidos jugados no perdió ninguno. No solo
ganaban, sino que jugaban bien y sacaban la diferencia en cuanto a goles y
físicamente.
La Primera,
Reserva y Cuarta, en contraste con lo que mostraban la Quinta y la Séptima, no
lograron grandes resultados. La Reserva se ubicó durante todo el año cerca de
los últimos puestos, mientras que tanto Cuarta como la Primera División, nunca
estuvieron primeros, pero se mantuvieron expectantes hasta las últimas tres
fechas, cuando se despidieron de la pelea por el titulo. Por lo tanto, las
categorías mayores no generaban entusiasmo de parcialidad portuguesa. La mayor
parte de los hinchas del club se acercaban los domingos a observar a las
juveniles y deleitarse con el buen fútbol.
“Bien, pibe,
bien”, “así tiene que jugar la Primera” o “qué futuro tiene este pibe” se
escuchaba los domingos. En contraste, jugadores de las divisiones mayores
recibían críticas. “Si los de Primera son malos, lo que deben ser ustedes”, le
gritaron a los suplentes de Cuarta cierta vez. Las críticas se hicieron
constantes y el murmullo durante los partidos provocó que a jugadores de las
divisiones juveniles los asciendan.
Mauricio Flores,
en ese momento de Sexta División comenzó a entrenar con Reserva; hasta le tocó
debutar en el partido frente a Estrella entrando desde el banco de suplentes en
Primera. De la misma forma Franco Gambella, el goleador de la Quinta, y Axel
Acebes subieron a Cuarta. El arquero Sebastián Navarro, de edad de quinta
división no atajó ningún partido para esa categoría, sino que antes de comenzar
el año ya se encontraba luciendo la 1 de Cuarta. Fue pasando la segunda parte
del año y fruto de las buenas actuaciones, Franco Casasola, jugador de la
categoría dirigida por Ricardo Amerio, también fue subido al plantel de Cuarta.
Sin embargo, y a pesar de que los jugadores nombrados habían sido ascendidos,
no renunciaron a su división, por lo tanto, jugaban los sábados y los domingos.
No había signos
de cambio en el plantel superior. La diferencia de edad entre Mauricio Flores,
de 16 años, y Camilo Boschetti, de 34, era notoria. Lo mismo sucedía en los
partidos de Primera División. Entraba “Mauri” y no podía lucirse. Pero en sus
respectivas divisiones, los juveniles repartían fútbol por doquier. Tomás
Zamudio, el arquero de Quinta, tenía en diez partidos solo cuatro goles en
contra, mientras Franco Gambella levaba más goles hechos que partidos jugados.
A falta de dos
partidos Curuzú Cuatia se encontraba primero en la tabla total de puntos en
juveniles. El segundo era Everton, quien tenía un partido menos y podía
superarlo. Así fue. A pesar de los campeonatos obtenidos por la Séptima y
Quinta División, y los subcampeonatos por Sexta y Octava, no alcanzaron los
puntos para superar al “decano”.
Luego de salir
campeón del Torneo Clausura, las dos divisiones debían enfrentarse a los
campeones de la división B de la Liga Amateur Platense. Las finales se
disputaron en la cancha de ADIP. En primer turno la séptima debió enfrentar a
AMEBS, luego los dirigidos por Amerio a Malvinas.
El primer
encuentro comenzó favorable al club de
Gonnet. Vencía al portugués por 2—0.
Curuzú Cuatia reaccionó a tiempo y consiguió llevar la final a penales. Una
definición impensada para un partido entre el campeón de la A y el campeón de
la B. Finalmente, la Séptima del club de Villa Elisa venció a su par de AMEBS
por 4-3 en la definición desde los doce pasos.
Por su parte, la
Quinta División se había coronado campeón de la Liga invicta. La final comenzó
y a los cinco minutos Matías Schultheis convirtió el 1-0. Pasados los veinte minutos
de juego Franco Casasola enganchó desde la banda izquierda hacia el centro, y
casi pisando la puerta del área remató y aumentó el resultado a 2-0. Lo que
hacía suponer que la división dirigida por Ricardo Amerio tendría un partido
fácil. Sin embargo a falta de dos minutos para terminar el primer tiempo,
Malvinas descontó.
El segundo
tiempo comenzó negro para Curuzú ya que el 10 de Malvinas había vuelto a marcar
y el partido se encontraba empatado en dos. Franco Gambella desperdició varias
oportunidades y el nerviosismo crecía. El equipo estaba volcado en ataque y
cada contra de Malvinas parecía medio gol. A falta de quince minutos Acebes
recuperó la pelota en mitad de cancha y tocó para Prieto. Este se la pasó a
Casasola, quien definió con un remate envidiable, desde la derecha cruzó y
convirtió el 3-2 final.
Cuando el
árbitro pitó el final los jugadores de la categoría 95 se juntaron en la mitad
de la cancha para cantar el famoso “dale campeón, dale campeón”. Toda la
hinchada de Curuzú Cuatia los acompañó en el canto y prendieron bengalas rojas
y verdes, representando los colores de la camiseta. Luego de la vuelta olímpica
la hinchada comenzó a cantar “veni, veni, canta conmigo” terminando con el “que
de la mano de 'Ricky' Amerio”, y los jugadores los siguieron.
Marín Mendiburu,
utilero del club, contó: “Muy pocas veces vi jugar una categoría tan bien como la Quinta en el
club. Sí he visto jugadores excepcionales como Leo Massi, Sergio Vittor o Pablo
Aguirre, pero no que el equipo en su conjunto”. Heribert Bengoa agregó: “El
2013 fue el mejor año en la historia de Curuzú Cuatia, en cuanto a las
juveniles”.
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